viernes, 7 de octubre de 2016

Moroccan Honey



Bajo la niebla se mecen 
mechones negros de azabache
antaño dorados por el sol.

La espesura de la selva
esconde dos pupilas 
que los dioses ordenaron crear.

Los amantes se esconden
bajo la mirada de los gatos...

Y ella,
con su mirar te hechiza,
fluye por tu cuerpo,
tibia como un aliento frío,
embalsama tus heridas
con sus manos de tostada arena,
con sus labios de resquebrajados rubíes.

Demasiado tarde para huir
dice la voz de tu corazón dormida.

Aquellas pupilas de misteriosa noche
te han convertido en títere de su deseo
El rosal de sus labios
marchita en tus ojos
sus espinas se hunden
en tus entrañas, y, entonces
sales de tu hipnosis
preguntando a extraños su nombre
en la perdida noche de Marruecos.


 PD: Gracias a Ultima Radio, unos músicos increíbles, y a Kati Angerbauer por el descubrimiento.

Nely Macorix

sábado, 2 de julio de 2016

El contraste de la suerte


Ahora las estaciones están cayendo a nuestro alrededor
Dentro del baúl de la fotografía.
Recuerdo mutilaciones de un pasado cuyo futuro veía incierto,
El sabor de la sangre al filo del precipicio
y la muerte al borde del cuchillo.
En el límite, revolviendo el pelo se aproximan los alisios,
huracanes para desgranar una melena
como una maraña de recuerdos.

Un bosque para suicidarme, por favor,
cada noche cuando revuelves el cajón
de la memoria, nunca sabes lo que tienes.
Proyectábamos las imágenes que reproducen,
Bajo la nieve, las cinematográficas
Y en blanco y negro, las literarias realidades.
Mis sentimientos son como piezas de un puzzle,
De quinientas piezas,
Despiezados por un verdugo con mis pensamientos,
Si a doscientas llega
Demasiado me parece.

Oye, sóplame aquí,
se me ha metido un poema en el ojo – digo,
Me sacudo la prosa de los hombros
Exhalo un ensayo con la boca

Y un último suspiro.


Nely Macorix

Desilusiones y Jacarandas sobre tu ventana

Ninguna era capaz de contestar. Las manecillas del reloj resonaban ensordecedoras en mi cabeza, palpitaban en mis oídos como un corazón desatendido. Después de habernos volcado todas unidas, caímos por separado. Luego ella pronunció las palabras mágicas <<no puedo seguir así>>, y aunque yo tampoco podía hacerlo, había decidido no desfallecer. Aún quedaba algo de mí latiendo para ella… Por desgracia, ya no quedaba nada para mí. 

Cuando todas cayeron me lo pregunté: ¿por qué?

A menudo medité, en silencio. El suficiente para no crisparte ni agobiarte, para respetar la soledad. En varias ocasiones tuve que ser adivina, intérprete y traductora de tus pupilas oxidadas por el tiempo. En otros muchos momentos tuve que ser consejera, amante y familia. Tantos papeles interpretaba que en ellos me iba perdiendo. Primero cayó la adivina, nunca se le dio bien atisbar la verdad en unas pupilas empañadas de mentiras, mucho menos en aquellas cuya verdad se ocultaba tras el velo de la negación. Más tarde cayeron la intérprete y la traductora, tus manos se movían siguiendo el discurso pero tus ojos desmentían todas las mentiras hermosas que me regalabas. Cuando cayeron las tres primeras alertaron a la consejera, dejé de lado a mi yo, al real, al verdadero, al aventurero que quiere recorrer la galaxia y los continentes del planeta azul, eternamente enamorado, pero, tanta crispación, tantos reproches y tantas incertidumbres por tu parte acabaron con el buen recuerdo que quería conservar de ese momento, arraigándose dentro de mí todos ellos. La que interpretaba a la familia permaneció con la mayor de las lealtades hasta que no soportó más la carga que llevaba, no la entendía y, cuando la entendió, no la merecía. La última en caer, sin duda, fue la amante. La amante se desvistió incontables noches y la atrajo entre sonrisas de verdadero sentimiento hasta sus brazos, a la desnudez de sus pechos blancos como las nubes de un día de sol, allí la acurrucó, la reconfortó y le confesó que su cuerpo, bajo aquel amor, podría ser el puerto, el ancla y hasta el mismísimo barco según le hiciera falta, en resumen, el lugar seguro que no quisiera abandonar pero del que pudiera entrar y salir con libertad. Sin embargo, esta tampoco resistió y se hundió.

Éramos como flores de Jacarandas cayendo al abismo que representaba el asfalto, constantemente rodeadas de las primeras suicidas al abrigo de las miradas de maduros y enamorados que paseaban por el parque donde mecían sus ramas.

Éramos los amantes trémulos y temerosos, por un lado se encontraba la inmadurez y, por el otro, la inexperiencia. Además, nuevos amantes se introdujeron, el miedo, la incertidumbre, la dependencia y la ansiedad. Aquella orgía emocional no podría salir bien.

La verdad es que nunca vimos una respuesta tan cercana. Siempre nos interrogábamos sin hallar respuesta clara. 

A menudo nos preguntábamos cuánto iba a durar.

(“- ¿Qué te ocurre? - Nada. - ¿Qué? - Nada. - Vale. - ¿Qué? - Nada.”)


Nely Macorix


sábado, 25 de junio de 2016

Los gritos que nunca salieron

Los gritos que nunca salieron
Están aquí, ¿los oyes?
Resbalan cálidos y furiosos
Por la garganta…
Como un cuchillo
Que raja en las entrañas.
Los gritos se cuelan en mi cabeza
Son como fuegos que estallan
Al llegar a su clímax.
Y ahí estás tú, reflejo de mi dolor,
Gritando sin liberar sonido
Con los ojos enardecidos del insomnio,
Del deseo aniquilador de los gatos
Que pasean por los rincones de la consciencia
Cuando esta se va.

La casa de mi cuerpo está derruida
Como los pies descalzos que viajan
Sobre los cristales rotos de la inocencia.
Las lágrimas son mares que Poseidón
Vuelve contra mí… y me ahogan.
Ahogan los gritos,
Los gritos que nunca salieron.

El humo se cuela a través de la cortina
Lúgubre de mis órganos
Y cada uno resuena como el tic-tac
De un reloj sin cuerda que desea ser violín
Para tocar una melodía triste
En la que los gritos puedan por fin salir.
A los grandes les hablaba la música,
La pintura, la lírica…
¿A mí? a mí me habla la mente, ronca
Y cansada de quien ignora aquello que siente.
Cuando habla, abre los ojos y me incendia
Como si fluyera gasolina por las venas,
Nicotina por los pulmones.
El humo venda los ojos que ya estaban vendados
Creando una densa niebla que aún sin venda
No permitiría ver a través.
Entonces los gritos se arremolinan como mariposas muertas
En el estómago y se pudren, con sueños de vuelos
Que jamás triunfaron.
Interviene la vida y grita intentando que las flores vuelvan
A brotar en mí, que mi cuerpo vuelva a ser útil,
Que mi mente vuelva a ser fértil.
Las ideas se han agarrado a los gritos que quieren salir
Y no salen, jamás salen.
Y la justicia hierve de injusticia

Por todos los gritos que nunca salieron.

martes, 3 de mayo de 2016

Por la calle Triana

Las luces vespertinas
peinan rayos en la acera.
Los pájaros son madera
oculta tras las cortinas.
Son polvo, flotan por la ventana,
por la sala, el cuarto,
cuando parto en dos
el nido, el lecho, la cama.
Hago y deshago entre almohadas
Deslizándome colina abajo
con doce pruebas, arduo trabajo,
hasta invadir tu colina de las hadas.

Triana, bostezas en la mañana;
de escarcha barnizas
la modernidad de las cornisas
que el viejo empaña
con su aliento último
de sueños póstumos.

El viejo traga la saliva,
se escapa de su cuerpo
en un viejo juego que acaba
con el viejo y la vida.

- ¡Viejo! -grita, al ruido. 
- Silencio-responde.
- ¿Esa voz?
- Esa voz soy yo.
- ¿La muerte?
- No de tanta fama dispongo
no me conocen por sabio
más que por viejo.
- ¡El diablo!
- Cuida tus maneras y modales,
maldito viejo, que no estoy
para juegos de calamidad tales.

Se les escucha a lo lejos
discutir, vociferar entre espejos. 
Y no los entiendo.
Se escucha toda la ciudad
navegando, sumergiéndose
en su propia vanidad.

Prendo la luna, la calle, los ojos,
también los de los gatos,
y apago las voces, los gritos
los llantos, aumento risas y cantos.
Yace la ciudad en silencio. 
Sólo en mi cabeza existe ruido.

Triana, bostezas en la noche,
se giran faroles de flores y farolas
como arena que rompe en olas...
Acompaña mi soledad de noche,
Triana, que ahora bostezo yo.


 X. Nely Macorix

domingo, 24 de abril de 2016

"La Puta Guerra"

“Existe la estúpida creencia de las personas por el cambio, no el cambio entendido como la constante que rige la vida, sino del cambio de una persona hacia algo mejor de lo que es, una excusa para autoengañarnos y permanecer bien atadas a las cadenas del motivo de nuestra infelicidad. Y es que, en cierto modo, el ser humano no comprende la felicidad sin la infelicidad, la fidelidad sin la infidelidad, la lealtad sin la traición, la alegría sin la tristeza y, es que, al igual que los colores primarios, cada emoción, pensamiento y acto tiene su complementario. Es, también, estúpida la creencia de que los seres humanos por naturaleza son buenos, así como lo es la creencia de que los seres humanos por naturaleza son malos, estos no son ni lo uno ni lo otro, únicamente son.

            Sin embargo, he de corregir una teoría que yo, estúpida e ilusa de mí, llevaba hasta los últimos términos “quien tiene el verdadero poder no es aquel con dinero, si no aquel que conoce el dolor; la persona que conoce el dolor puede elegir si hacerte sufrir o, por el contrario, evitarte el sufrimiento”, resulta que, ilusa de mí, como ya dije, no es hasta hoy cuando me doy cuenta de que esta teoría es engañosa y, aunque tiene su parte de razón, existe una tercera cláusula, mucho más cruenta respecto a la vida y a los humanos: ¡esto es una puta guerra! En una guerra jamás elegirás evitar el sufrimiento del “enemigo”, del contrario, del otro que no es el yo, de aquel que desea matarte antes de terminar sin vida ante ti. Entonces, en una maldita guerra, jamás preferirías evitarles sufrimiento al rival, lo único que desearías, como en cualquier aspecto de la vida es no morir y, a ser posible, no acabar tan herida como para no poder vivir, deseas que, si es posible, no tengas daño alguno y que si lo tienes sea lo suficientemente nimio como para acudir a tu trinchera a la menor oportunidad para lamerte como un felino viejo el tiempo necesario hasta recuperarte y, con suerte, el tiempo necesario para que pase la guerra.

            La realidad es lo contrario a nosotros y lo mismo que nosotros, sucumbimos a un espejismo de la realidad que nos obnubila con promesas baratas de amor, de cambio, de amistad, de fidelidad y no percibimos que la única persona que, quizá, podría ser leal hasta el extremo es la propia persona. Qué ironía. Pensar que íbamos a descubrir que hasta nosotros mismos podemos traicionarnos, apretar el gatillo contra la sien y decorar la pared blanca de color carmesí sin necesidad de un opuesto que nos ayude a aplicar la fuerza necesaria en nuestros dedos. Qué ironía que amemos incluso más de lo que nos amamos y, sobre todo, qué ironía es que estemos todos metidos hasta el culo en esta puta guerra, jugando a ser jueces, dioses o santos, que trivializan, banalizan y frivolizan a pura conveniencia afirmando que antes se quitarían la vida que asesinar cuando la realidad es que herirías antes de ser herida.

            Quizá veinticinco otoños eran los necesarios para desenfundar el arma después de las numerosas mutilaciones y los incesantes disparos desde todos los flancos, amigos y enemigos en los que las ráfagas de balas, una vez lanzadas, no distinguen aliado o contrincante. Quizá, sencillamente, deberíamos quemar la bandera blanca para alzar una bandera negra que anuncie que este enfrentamiento tendrá lugar hasta que quede la última persona en pie. Esto, habitantes del mundo, es la guerra y, desde hoy, voy a por vosotros. Preparad bien vuestras trincheras, aprovisionaos, coged el botiquín necesario porque me estoy abriendo fuego entre las minas de vuestras lenguas y la boquilla de mi arma está a punto de estallar rozando el vello de vuestras sienes para poder relamer la sangre que coloree mis labios.”


X. Nely Macorix

martes, 19 de abril de 2016

Bajo la luna, nada entre palmeras.

Me disipo entre la niebla
como la luna ocultándose entre las nubes,
me vuelvo invisible
como los pasos bajo la lluvia,
como una sonrisa refugiada
bajo el humo del tabaco 

en un club de alterne con ambiente lúgubre. 

Me vuelvo un ser apático
con los problemas cotidianos
y resto importancia a los gritos,
a las sonrisas y a las lágrimas de la falsedad;
y miro con ojos amables
y tiendo una mano cálida
a las emociones de verdad.