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viernes, 29 de junio de 2018

Mis voces, ¿qué quieren?

Una epístola para el alma:

Han vuelto mis voces a gritar en mis entrañas,
En mi cabeza, maraña de putrefacción.
Las voces que quieren…
Volver a verme los cristales en la espalda,
Los que acuna mi pecho, esos tan afilados,
tan largos, tan profundos que reflejan luz y oscuridad.
Me atraviesan los costados, me cuesta respirar…
Se han clavado en mí, en mi corazón,
en mi alma, desangrándola e infectándola…
En esencia, mi mejor definición:
Soy una herida en la vida de quien me cruce,
maldición que desangra e infecta, que absorbe,
una hendidura que supura hiel y veneno,
la enfermedad en una bella historia
la trágica cicatriz que niegas ver cuando sale el sol.
La eterna certeza de lo que no debo ser y todo lo que soy.




martes, 14 de marzo de 2017

Un trece con llave

Se ahogan versos dentro de mí
Versos que antes, alegres,
querían salir.
Vuelve el sol, la primavera
y emergen las heridas
como las flores primeras
Enterradas, sepultadas
junto a las hojas
que cayeron en otoño, anestesiadas
por el brillo níveo,
por la calidez invernal.
Desearía que abrieras la puerta
de esta tormenta,
que la dejaras ir,
que las lágrimas
bañaran las hendiduras
por donde me has atravesado
para que así, pudieran sanar.
Sin embargo,
heme aquí,
rememorando los lugares por los que una vez pasamos,

Esperando a que abras la puerta,

Esperando a que me dejes ir...


 "A thirteen with a key"

Drowning verses inside me
Verses that before, cheerful,
They wanted to leave.
The sun returns, spring
And wounds emerge
Like the first flowers
Buried, buried
Next to the leaves
Which fell in autumn, anesthetized
By the snowy glow,
For the warm winter.
I wish you would open the door
Of this storm,
That you'll let her go,
That the tears
Will bathe the crevices
Where did you cross me
So that they could heal.
Nevertheless,
Here I am,
Remembering the places we once passed,

Waiting for you to open the door,


Waiting for you to let me go

sábado, 10 de diciembre de 2016

"El baúl de la fotografía", fragmento inédito

"Titilando estaban las estrellas cuando la nieve comenzó a caer sobre nosotros. Aguardábamos dormitando, charlando, con el móvil, jugando a las cartas o examinando el paisaje por la ventana, a que nuestro viaje en tren terminara. Pero pronto alguien corrió en la dirección opuesta a nosotros y empezaron a hablar con secretismo en una lengua eslava que no conocíamos. 

- Despierta. 
- ¿Qué ocurre? - Una chica del grupo que hablaba mi lengua se sentó rápidamente a mi lado para explicarme lo sucedido. Me daba miedo lo que fuera a salir de sus labios, me sentía refugiado de la nieve y las montañas que en silencio me iban abriendo el paso. Respiré profundo y me desperecé para prestarle la atención debida. - Alguien se ha suicidado. - Me dio aquella noticia como el que anuncia que se le han acabado los cigarrillos, sin dolor ni alegría, pero con cierto hastío. - ¿Aquí? ¿En el tren? ¿En tu vagón? - Negó con la cabeza, rechazando la velocidad de mis preguntas. - No, ha saltado frente al tren y se lo ha llevado por delante. 

(...) Justo en este punto de la conversación entraron más de nuestros compañeros, Mark, Noel y Ana mientras los otros tres intentaban descansar hasta saber qué ocurriría con nosotros. Cuando la que hablaba mi lengua empezó a hablar con el resto en perfecto inglés, desconecté. Levanté la vista hacia la ventana, la tenue luz de las farolas del camino se entremezclaba como óleos con la fina nieve que caía. Aquel era el día más feliz de mi vida. Sin embargo, no pude evitar pensar en la macabra ironía que suponía que aquel día, que era para mí el más feliz por un fenómeno atmosférico al que los habitantes del país ya están acostumbrados, se produjese una muerte tan trágica y un evento tan hermoso.

La policía acordonó la zona con cintas blanquirojas; nosotros y dos mujeres de Polonia tuvimos que abandonar el tren en plena madrugada, saltando a las vías como fugitivos para aprovechar el siguiente tren que nos llevaría, por fin, a la que será nuestra casa durante lo que dure la misión. Durante nuestro salto a las vías del tren no pude evitar pensar en Lorenzo y en Nix, habían pasado dos meses desde el último miércoles que nos vimos. 

(...)

Ahora, llegando a casa, todos vuelven a la realidad. De una pequeña tienda cuyo cartel reza "Piekarnia i Cukiernia" emana un olor agradable y dulzón de pączki recién hechos. Los comercios empiezan a abrir bajo los tímidos rayos de sol que han aparecido entre las nubes y el humo de las fábricas, los trabajadores se saludan o esquivan a partes iguales para llegar a su lugar de trabajo... Es inevitable pensar en aquellos que no están, conocidos o desconocidos, aquellos que arrebatan sus vidas con un revólver, pastillas o saltando en frente de un tren, cuando observas la hermosura y la crueldad de la vida que nos maneja cual peones de ajedrez. 

(...)"

December 10th, 2016
Nely Macorix 

sábado, 2 de julio de 2016

Desilusiones y Jacarandas sobre tu ventana

Ninguna era capaz de contestar. Las manecillas del reloj resonaban ensordecedoras en mi cabeza, palpitaban en mis oídos como un corazón desatendido. Después de habernos volcado todas unidas, caímos por separado. Luego ella pronunció las palabras mágicas <<no puedo seguir así>>, y aunque yo tampoco podía hacerlo, había decidido no desfallecer. Aún quedaba algo de mí latiendo para ella… Por desgracia, ya no quedaba nada para mí. 

Cuando todas cayeron me lo pregunté: ¿por qué?

A menudo medité, en silencio. El suficiente para no crisparte ni agobiarte, para respetar la soledad. En varias ocasiones tuve que ser adivina, intérprete y traductora de tus pupilas oxidadas por el tiempo. En otros muchos momentos tuve que ser consejera, amante y familia. Tantos papeles interpretaba que en ellos me iba perdiendo. Primero cayó la adivina, nunca se le dio bien atisbar la verdad en unas pupilas empañadas de mentiras, mucho menos en aquellas cuya verdad se ocultaba tras el velo de la negación. Más tarde cayeron la intérprete y la traductora, tus manos se movían siguiendo el discurso pero tus ojos desmentían todas las mentiras hermosas que me regalabas. Cuando cayeron las tres primeras alertaron a la consejera, dejé de lado a mi yo, al real, al verdadero, al aventurero que quiere recorrer la galaxia y los continentes del planeta azul, eternamente enamorado, pero, tanta crispación, tantos reproches y tantas incertidumbres por tu parte acabaron con el buen recuerdo que quería conservar de ese momento, arraigándose dentro de mí todos ellos. La que interpretaba a la familia permaneció con la mayor de las lealtades hasta que no soportó más la carga que llevaba, no la entendía y, cuando la entendió, no la merecía. La última en caer, sin duda, fue la amante. La amante se desvistió incontables noches y la atrajo entre sonrisas de verdadero sentimiento hasta sus brazos, a la desnudez de sus pechos blancos como las nubes de un día de sol, allí la acurrucó, la reconfortó y le confesó que su cuerpo, bajo aquel amor, podría ser el puerto, el ancla y hasta el mismísimo barco según le hiciera falta, en resumen, el lugar seguro que no quisiera abandonar pero del que pudiera entrar y salir con libertad. Sin embargo, esta tampoco resistió y se hundió.

Éramos como flores de Jacarandas cayendo al abismo que representaba el asfalto, constantemente rodeadas de las primeras suicidas al abrigo de las miradas de maduros y enamorados que paseaban por el parque donde mecían sus ramas.

Éramos los amantes trémulos y temerosos, por un lado se encontraba la inmadurez y, por el otro, la inexperiencia. Además, nuevos amantes se introdujeron, el miedo, la incertidumbre, la dependencia y la ansiedad. Aquella orgía emocional no podría salir bien.

La verdad es que nunca vimos una respuesta tan cercana. Siempre nos interrogábamos sin hallar respuesta clara. 

A menudo nos preguntábamos cuánto iba a durar.

(“- ¿Qué te ocurre? - Nada. - ¿Qué? - Nada. - Vale. - ¿Qué? - Nada.”)


Nely Macorix


sábado, 27 de febrero de 2016

"Corazones de cristal"

¿Tienes un Corazón de Cristal?
La primera vez que fui consciente de que los seres humanos teníamos corazón yo tenía diecinueve años. Había escuchado hablar de la mecánica del corazón, de como funcionaba, del latir que bombea la sangre necesaria para la vida, de la limpieza de este importante órgano para mover el oxígeno que nos hacía mirar al sol como las plantas. Destruye todo lo malo-o al menos lo intenta-en una clase de sinergia mágica, asombrosa, con el cerebro. Para mí no es el corazón un órgano creado a partir de membranas, telas u otros filamentos cárnicos y nervioso con una función monótona como la de bombear la sangre. Para mí, los corazones están hechos de cristal. Los corazones son una habitación donde encierras los recuerdos que no caben en la memoria. Los corazones de cristal son como un gran desván antiquísimo donde se apilan los libros polvorientos que una vez alguien disfrutó, a los que una vez alguien acudió en busca de consuelo o evasión, los juguetes de la infancia, que ayudaban a descubrir el mundo, la bondad y la maldad. Los corazones son de cristal por su fragilidad, son más delicados que los músculos, fácilmente corruptibles. Lo que ocurre en un corazón de cristal se queda ahí; donde pertenece, en el desván del alma al que nadie accede, el desván del terror. Un corazón de cristal se rompe, se astilla, se agrieta, hace crac. Un corazón así, aunque se despiece en mil astillas diminutas, no pierde los recuerdos, destruidos o no por la implosión del mineral, uno así conserva en cada astilla la historia y mantienen para sí la esencia definitiva y última que cualquier otro ser humano desea arrebatar a los demás, por lo que, un corazón de cristal, fragmentado, agrietado, desgranado, de cualquiera de las maneras conserva la vida. Porque este tipo de órganos raramente son eliminados de la faz de la tierra, pudiera decirse que un corazón de cristal es un cúmulo de energía materializada que ocultamos en el cuerpo como las piedras preciosas se esconden en una cueva, que estos, al igual que la energía, únicamente se transforman.

En síntesis:
La mecánica del corazón
Destruye los recuerdos
que no caben en la memoria.
Los recuerdos, destruidos
mantienen la vida
y se transforman.

jueves, 15 de octubre de 2015

"Mutilaciones"

Llevo fragmentos de inocencia en la conciencia,
Perdones anticipados ante traiciones prematuras
Y un puñal para matarme antes de que el resto me desgarre.
Llevo tinta en las venas, para desangrarme sobre el papel
Arrugado por tus lágrimas y tus numerosos fluidos
Y un sueño roto por cada mentira que me has regalado.

Llevo heno en el cabello, desgranado como un pensamiento
Como un recuerdo del campo ya lejano, de la brisa mortecina
Y humedad que mana como un río incapaz de secarse.
Llevo el calor húmedo de tu boca en la mía, tu aliento cobijando
Mis labios rojos del borbotar de la sangre rubí que me he prometido
Con afiladas agujas y cuchillas con las que me he mutilado.

Llevo kilos de mierda encima, de química y de bilis podrida,
como la piedra sísifoniana que cargo y siempre cae, derruyéndome;
como las olas que erosionan hasta las más duras de las piedras.
Llevo dentro de mí, inocencia, perdones, lágrimas, sudor y sangre,
llevo culpas y remordimientos, lamentos, arrepentimientos y, también
llevo conmigo, magia, tragedia y un bosque por el que me suicido
cada noche y, al despuntar el alba, resucito, entre sangre, vísceras
y el olor de las ratas, el de las cloacas donde está el feto abortado
y despiezado de mis sentimientos.

Nely Macorix
2015

lunes, 27 de julio de 2015

"La puerta azul"

La puerta azul

Escuché una caja de música, azul, intensa, como un conjunto brillante de zafiros, como la bóveda del cielo; la débil sinfonía se debatía entre el silencio en el que apenas era audible y entre el ruido mundanal de la ciudad, de las guaguas que iban tan rápido que parecían a punto de estrellarse y, desconectando de la realidad estúpida, cerré los ojos. Me acosté dejando que la brisa meciera mi pelo, que danzara entorno a mis párpados.
Imágenes de ti empezaron a moverse dentro de mi cabeza: las primeras palabras intercambiadas, la primera cercanía cuando compartimos banco, la primera conversación que duró hasta la noche más cerrada, las primeras miradas de nuestras vergonzosas mejillas y el primer beso. El primer beso en el que ambas sembramos la semilla de esta historia.

Los recuerdos de los días y las noches procuran crear una historia, hablan de ti y de mí, de lo que estamos creando, de este hermoso relato que se está escribiendo y apenas lleva las primeras páginas. Me muero de nervios por saber qué ocurrirá a cada página que escribamos, pero, me muero de emoción y alegría al saber que las escribimos juntas, que los personajes no son omniscientes y no hay nadie que nos haga spoiler mientras vemos las nubes acercarse a la puerta azul.

jueves, 23 de abril de 2015

"Dulce niña mía"

En un lugar muy lejano y en un tiempo ya remoto florecía una niña entre mesas de fruta y mares de vino; se arremolinaban las flores y se reverenciaban cuando se elevaban sus párpados; sus ojos eran dos hermosos soles apagados, dos rastros incendiarios, montañas de ceniza, días de lluvia.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

"Juguetes rotos"


(Emociones de Escarcha)

(...) Sus pies descalzos dibujan el sendero que la lluvia había borrado de la tierra y me es imposible no seguirlo. ¡Que locura! No seguir el camino de la más deliciosas de las muertes cuando, hasta con los ojos cerrados y, sin pensarlo, ardería en la hoguera como la hechicera que ella es por haberme embrujado así. Cuando, aún así, al infierno gustoso descendería y encarnaría la lúgubre estadía con mis miedos para combatirlos uno a uno si tuviese la desdicha, la dicha o la certeza de que las manos de mi hechicera fueran las que aprisionasen mi garganta, las que obstruyesen mis vías respiratorias para quitarme la vida mientras me la diese posteriormente con sus labios.

Pero la lluvia... La lluvia ha vuelto.

La lluvia cae sobre el mármol de mis músculos y mis huesos, sobre mi cuerpo inerte en vida... Mis pies caminan tamborileando la tierra mojada con la yema de mis desnudos dedos, guardando silencio, acorralando en mi boca mi aliento, mientras ella me descubre el destino al que sus pasos me guían. 

- Está loco. - Sentencia en un murmullo apenas audible y asiento con la cabeza antes de que desgarre el silencio con la dulzura de su voz nuevamente. - Es una melodía, una pintura, un relato, una partitura... El amor ES un arma que puede cambiarte por el resto de tus días. Las cicatrices parecen borrarse y dejan de ser visibles para los extraños. Por eso vos aún perseguís mis pasos, os dejáis seducir, os dejáis embrujar por una fragilidad que solamente es una imagen. Mas en mi interior todo es fuego, humo, vapor... caos. De mis entrañas brotan magma ardiente y miel reservada para aquellos que logren traspasar el hielo que las cobija.

Así la percibía, como una estatua esculpida en hielo, frágil, etérea, inalcanzable; mas yo osaba sentir por ella lo que nadie se atrevía y osaba, también, desearla como ningún otro antes. Pese a todo, yo, siervo del amor, de lo que me hace sentir... 

Imposible sería mostrar tal osadía e, incluso, imposible sería liberar un ápice del fuego que devora mi cordura en su infructuoso anhelo de caldear la palidez de su alma. No me atreviera yo a susurrar al viento lo que por ella siente este siervo, no fuera que entre la elegancia de sus pasos rotos escuchara lo que mi corazón gritara.

Se detuvo. Mi corazón también. Moriría. Me sonrió. La nieve de su rostro me helaba la sangre mientras el fulgor de su sonrisa reducía mi esencia inevitablemente a una mezcla de emociones más propia de aguas turbulentas que de un cielo límpido como el de sus ojos, hechizándome. 


Nely Macorix '14

jueves, 1 de mayo de 2014

"El Trovador Enamorado"


 El Trovador Enamorado


            Le confesé mil veces mi amor, le decía que la adoraba, que era hermosa no solo por fuera sino por dentro. No quise ser quien más amaba en esta relación… y pequé de lo contrario. Cuando ella salía de la Iglesia en compañía de su familia, yo la acechaba. Parecía el gato que acechaba a los pájaros que estaban posados en el cable desde el tejado y que, sólo por coger al pájaro, arriesgaría su vida saltando al poste eléctrico para caer fulminado por la descarga y adornar el suelo como un felpudo. Era capaz de hacerlo, capaz de hacer lo que fuera necesario por tener la dicha de compartir el mismo aire que respiraba.

           Tal era mi devoción que no podía dejar de pensar en ella… si pintaba, la pintaba a ella, balanceándose gentilmente sobre sus pies, caminando, según decía algunos, incitándome a la locura, según decía yo. Si escribía, ella era mi musa y en mi inexistente poesía se hacía inmortal. Si respiraba, respiraba por ella y no para seguir con vida pues la vida era ella y sólo ella y su indiferencia podía matarme y me mataba.

       Le rogué, mil veces, que me aceptase como esposo, que permitiese que la desposase y ella me llamaba loco y alertaba a los guardias cuando para dedicarle estas súplicas la descubría en paños menores por la ventana. Si la viérais, el pelo rojo como el fuego y ondulado, la piel blanca como la porcelana e incluso más frágil, los labios voluptuosos, sensuales y escarlatas como la sangre y esos ojos verdes, brillantes como esmeraldas, ¡esos ojos! Tan cautivadores…




       Me poseían y yo quería poseerlos. Me miraba con esos enormes ojos, ¡ni la magia de mil brujos podría hacer sombra al embrujo que esta doncella ejercía sobre mí!

      Pasaron días lloviendo por las calles de Saint Paul; era mi corazón afligido por su rechazo. Mi amada me ignoraba, celebraba mis alabanzas a lo lejos pero, cuando osaba acercarme, me huía y no conforme con eso, sonreía en los brazos de otro hombre, pero esos ojos… Esos ojos me hablaban, me susurraban con el brillo de las piedras preciosas que los admirase de cerca, muy de cerca.

        Un día me armé de valor, eran las fiestas de la corte y yo, como buen trovador, la cortejé acompañada de su marido. Ella me permitió tocar su mano cuando subía las escaleras, ayudándose de mi caballerosidad.

          Podría haber muerto, en ese momento deseaba ser el felpudo sobre el que la elegancia de sus pasos caminase. Su consorte me empujó y la besó delante de mí y ella relamió sus labios con deseo, con el pintalabios visiblemente difuminado a causa de la saliva. Yo enloquecía, algo dentro de mí me dijo que lo hiciera, que consumiera su alma entre mis manos y torturase al bárbaro que podía poseer su cuerpo.

            Me oculté tras las escaleras y, en la oscuridad me adentré en la Iglesia, quería confesar todos los pecados que mi mente me dictaba. Me arrodillé en el confesionario y expié todos mis pecados: deseé irme con mis palabras a otro mundo, alejarme de ella y sus ojos, pero… sus ojos.
           

Empezaba a creer en la existencia de algo dañino en su mirada, pero… ¿Y qué más me daba a mí morir fulminado por el brillo de esas esmeraldas o por el veneno de su mano? ¿Qué importaba si quería que el veneno de su saliva torturase a mi alma e hiciese agonizar a mi cuerpo hasta la muerte?

            Su marido se iba en el carromato y yo, ¡tonto de mí! Volví a la ventana de mi amada hechicera para cantar mi lamento por no tenerla y para alabar su gracia mágica.

         Ella se asomó a la ventana, aún vestida y me miró. Esa noche su mirada ocultaba un brillo extraño… Aún con aquel escalofrío recorriendo mi nuca escalé su mansión hasta alcanzar el balcón. La ventana estaba abierta y ella volvía a quedarse en paños menores.

        - ¿Me deseáis, trovador? - ¡Me hablaba a mí! Sólo pude asentir cuando entré en la habitación y ella elevó las manos cerrando la ventana tras de mí.

         Entonces entendí que realmente sí que estaba embrujado, que sus ojos tenían tal poder sobre mí que ella estaba sacando el cuchillo del barbero mientras yo me arrodillaba ante sus pies para besarlos. Ella se agachó y me dio un casto beso en los labios y cuanto más me besaba más hermosa se veía, más blanca la piel, menos visibles las pecas, más rojos los labios, más verdes los ojos. Su mano se alzaba discretamente con la navaja del barbero, apuesto hombre que aparecía degollado en su cama, junto al celador y a uno de los hijos del tabernero del pueblo. Estaba más cerca de mí la muerte, en sus manos…

           Mientras me besaba le tiré del pelo, separándome y me miró, utilizando todo su poder, y entonces le di un puñetazo y la sangre llegó hasta manchar sus ojos, ahora verdes como el pantano de la muerte de esa habitación. La golpeé repetidas veces hasta que murió.

            - Maldita bruja. – murmuré mientras le sacaba los ojos con las cucharillas del té para que aún muerta no pudiese utilizar su poder. Besé cada embrujo que estaba en mis manos y lo coloqué en su tocador, llorando. ¿Qué había hecho? Era mi amada, bruja o no… ¿O no? Me lavé las manos con un pañuelo, ignorando lo que ocurría a mí alrededor. La navaja del barbero flotaba a mi derecha mientras su cuerpo sin vida se levantaba, abriendo los ojos vacíos.

           - Soy tu amada, y de la muerte no puedes escapar, querido. – Susurró clavándome sus uñas en los ojos mientras me rebanaba la yugular y sus ojos se volvían hacia mí -aún sobre el tocador- para verme morir mientras la sangre fluía hacia mi pecho, doliéndome más el corazón que la propia muerte.

         Perdía la visión, sólo sentía el líquido viscoso y escarlata resbalar por mi piel, pegándose a ella mientras la mujer que amaba cogía su magia y volvía a rellenar sus cuencas vacías, vistiéndose de nuevo, colocándose las enaguas y otras diversas capas de tela que ocultaban la perfección maldita de su piel. Caí fulminado. Adiós vida, adiós magia, adiós amor.

Nely Macorix ‘14

lunes, 28 de abril de 2014

"Un viaje por amor... hacia la muerte"





(Llegada a París, Francia. Octubre de 1990.)

Un viaje; camina solitaria, recorre las oscuras callejuelas, tantea el áspero tacto de los rojizos ladrillos y evita con gracia que la punta de sus tacones se enganche en las pedregadas vías. El cielo empedrado se apaga cuando cae el sol.

          Ella sigue caminando, sola, memorizando el tacto del oscuro ladrillo, tan frío como las noches sin amantes, como las noches perdidas en su interior.

          Brotan cataratas de su alma, no alza sus alas y por sus gélidas ventanas ni el aire corre. Se descalza en medio de la calle. Sonríe falsamente, bebiendo de su tristeza todo cuando por sus espejos escapa.

          Y entonces aparece ella; de las invernales calles empedradas brotan flores primaverales, de la congoja de su alma no queda sino sombra. Le sonríe y entonces, y sólo entonces, se siente invencible.

          Sale cada noche, descalza, sin tacones, ni maquillaje, sin más adorno que su sonrisa, sus labios escarlata y su pelo cobrizo alborotado por el viento de la vida… y entiende que amor no es sólo una palabra inflada por grandes multinacionales para vender regalos a los amantes que creen que vale más una caja de bombones que un apretón de manos y cosquillas hasta ver que llora de la risa y de felicidad. Entonces se da cuenta de que ese 14 de septiembre también es especial, que ellas no se regalan bombones sino miradas y caricias interminables bajo el fuerte de las sábanas antibalas que decoran su habitación. Sólo en ese momento sabe que cualquier experiencia pasada no fue más que eso, experiencia; y entiende que esa persona, desconocida, que sin nombre se había adentrado en su vida, era amor. Puro y duro amor. Pura libertad y confianza, paciencia y bienestar, pura ternura y pasión. Puro contraste.

          Recorre las calles de su mano, balanceándose en ella como una niña inocente ajena a las balas que las persiguen.

          Los primeros copos de nieve caen muy suavemente en las calles y la vida de su amor languidecía; ya no se balanceaba más, respiraba con dificultad… “Ojalá no despierte jamás”-para ella, que velaba por la delicada salud de su amada, el amor era un sueño… El más hermoso sin duda. Cerraba los ojos, le pesaban los párpados y apenas podía respirar, pero murió en su mano. Aún sostenía la mano cálida y enferma de su fallecido amor. En realidad, de su fallecida amada, pues el amor era inmortal.

          Sin más, aquella ilusión con nombre de mujer se esfumó. Ella sostuvo su mano, aún muerta, durante días y, cuando se secó lo suficiente tras liberar todo su llanto, sonrió.
          Había sido amada y, joder, había amado. Había amado con todo su corazón, con todo su cuerpo y su alma; había amado con cada peca, cada poro de su piel, con cada vaso sanguíneo, hueso o músculo, e incluso con cada neurona, había amado de modo tal que la vida dejó de serlo.

          Aquel uno de noviembre de mil novecientos noventa volvió a calzarse los tacones, volvió a caminar con cuidado – y con miedo – por las calles empedradas. Recorrió callejuelas repletas de flores primaverales ahora igual de marchitas que el corazón de la amante que seguía con vida. Recorrió las paredes inhóspitas y desiertas de las callejuelas de París. Huyó a las montañas de “la Forêt d’Orient” acercándose al claro en el que jugaba hace apenas unos días e intentando encontrar a su difunta amada en el reflejo se abrazó a una roca escarpada y afilada, rasgándose las manos que una vez palparon el cielo, desgarrándose la garganta de la que una vez fueron impulsadas las palabras “te quiero”. Ahogándose ¡por fin! En el revuelto claro que una vez fue testigo del instante que fue toda su vida.

          Fue, en el claro francés donde se extinguió la llamada de su vida y fue en aquel lugar donde Emma hizo un viaje por amor hacia la muerte, suicidándose.



PD: Esta entrada aparece en un blog en el que trabajo conjuntamente con otros compañeros con aspiraciones artístico-vitales y he considerado buena idea respaldar dicha entrada.
Créditos ambas fotografías: Laura Makabresku ©



Nely Macorix '14

jueves, 17 de abril de 2014

"Siempre nos quedará... "



- ¿Cuál es el sentido de la vida?

+ Yo diría que  escucharte hablar.

- Exageras.

+ Lo digo en serio.

*Se ríe.*

+ Bueno, escucharte hablar y verte u oírte reír y sonreír.

- Anda ya.

*Esta vez sonrío de medio lado.* Es cierto, cuando te escucho no me siento sola y... cuando te ríes o sonríes iluminas el mundo, parece más humano, me siento más pequeña y más protegida, más viva y más feliz.

- No sé que decir... No creo que sea así.

+ No tienes que decir nada. Yo tampoco lo creo... Lo sé. Sé que el sonido de tu voz es equiparable a Orfeo, quien amansaba a las fieras y conmovía hasta el alma más solitaria y más perdida, brindándole todo lo bueno que la propia vida puede ofrecer, es cierto... 
Por eso, no creo que el sentido de la vida sea escuchar el sonido de tu respiración o el de tu risa o tener el privilegio de verla. Sé que ese es el sentido de la vida porque la vida es hermosa y no hay nada tan hermoso en la vida como tú.


Nely Macorix '14

martes, 1 de abril de 2014

"¿Qué va a ser de mí?"




Cuéntame, tú, que has visto mundo y conocido gente si los sueños se cumplen o solo los enterramos cuando es mayor el dolor de no realizarlos que la ilusión por llevarlos a cabo.

Cuéntame, tú, que de la experiencia tierna bebes. 
¿Qué es de la vida y de sus placeres? 
¿Qué del tiempo y sus quehaceres? 
¿Qué de quien ama sin quererlo, y qué de quien no ha amado aún queriendo?

Cuéntame, por tanto, ¿qué es de ti, diosa del azar y la casualidad?
¿Qué es de ti, qué haces y deshaces a tu antojo y que ni tiempo ni lugar te importa... ?

Cuéntame, ¿qué va a ser de mí? 
¿Veré florecer o marchitarse las flores? 
¿Me inundaré con sus olores y me asombraré con sus 
formas y colores?

¿Veré, tal vez, la expresión satisfecha de quien realiza sus sueños y, con emoción, se rodea de seres queridos y amados que desde el inicio le acompañaron? 

Cuéntame, ¿qué va a ser de mí? 

¿Es mi principio... o es mi fin?

Nely Macorix '14

sábado, 22 de marzo de 2014

"Tu voz es música"

(Se suponía que eso era un intento de poema... así que no es más que mera escritura.)





Tu voz es música; 
Tus pautas son silencios,
Tus palabras son blancas,
Tus cantos son redondas,
Y tus lamentos, son semifusas 
que huyen alborotadas.

Eres melodía. 
Tus miradas son longas, 
Tu risa una cuadrada,
Tu humor una negra protagonista.


Y tú...


Tú eres pentagrama interminable,
Bella composición,
Inigualable armonía,
Ideal esencia.
Alabanza de alzados.
Musa de caídos.



Nely Macorix '14