Mostrando entradas con la etiqueta Madrugada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Madrugada. Mostrar todas las entradas

sábado, 2 de julio de 2016

Desilusiones y Jacarandas sobre tu ventana

Ninguna era capaz de contestar. Las manecillas del reloj resonaban ensordecedoras en mi cabeza, palpitaban en mis oídos como un corazón desatendido. Después de habernos volcado todas unidas, caímos por separado. Luego ella pronunció las palabras mágicas <<no puedo seguir así>>, y aunque yo tampoco podía hacerlo, había decidido no desfallecer. Aún quedaba algo de mí latiendo para ella… Por desgracia, ya no quedaba nada para mí. 

Cuando todas cayeron me lo pregunté: ¿por qué?

A menudo medité, en silencio. El suficiente para no crisparte ni agobiarte, para respetar la soledad. En varias ocasiones tuve que ser adivina, intérprete y traductora de tus pupilas oxidadas por el tiempo. En otros muchos momentos tuve que ser consejera, amante y familia. Tantos papeles interpretaba que en ellos me iba perdiendo. Primero cayó la adivina, nunca se le dio bien atisbar la verdad en unas pupilas empañadas de mentiras, mucho menos en aquellas cuya verdad se ocultaba tras el velo de la negación. Más tarde cayeron la intérprete y la traductora, tus manos se movían siguiendo el discurso pero tus ojos desmentían todas las mentiras hermosas que me regalabas. Cuando cayeron las tres primeras alertaron a la consejera, dejé de lado a mi yo, al real, al verdadero, al aventurero que quiere recorrer la galaxia y los continentes del planeta azul, eternamente enamorado, pero, tanta crispación, tantos reproches y tantas incertidumbres por tu parte acabaron con el buen recuerdo que quería conservar de ese momento, arraigándose dentro de mí todos ellos. La que interpretaba a la familia permaneció con la mayor de las lealtades hasta que no soportó más la carga que llevaba, no la entendía y, cuando la entendió, no la merecía. La última en caer, sin duda, fue la amante. La amante se desvistió incontables noches y la atrajo entre sonrisas de verdadero sentimiento hasta sus brazos, a la desnudez de sus pechos blancos como las nubes de un día de sol, allí la acurrucó, la reconfortó y le confesó que su cuerpo, bajo aquel amor, podría ser el puerto, el ancla y hasta el mismísimo barco según le hiciera falta, en resumen, el lugar seguro que no quisiera abandonar pero del que pudiera entrar y salir con libertad. Sin embargo, esta tampoco resistió y se hundió.

Éramos como flores de Jacarandas cayendo al abismo que representaba el asfalto, constantemente rodeadas de las primeras suicidas al abrigo de las miradas de maduros y enamorados que paseaban por el parque donde mecían sus ramas.

Éramos los amantes trémulos y temerosos, por un lado se encontraba la inmadurez y, por el otro, la inexperiencia. Además, nuevos amantes se introdujeron, el miedo, la incertidumbre, la dependencia y la ansiedad. Aquella orgía emocional no podría salir bien.

La verdad es que nunca vimos una respuesta tan cercana. Siempre nos interrogábamos sin hallar respuesta clara. 

A menudo nos preguntábamos cuánto iba a durar.

(“- ¿Qué te ocurre? - Nada. - ¿Qué? - Nada. - Vale. - ¿Qué? - Nada.”)


Nely Macorix


domingo, 24 de abril de 2016

"La Puta Guerra"

“Existe la estúpida creencia de las personas por el cambio, no el cambio entendido como la constante que rige la vida, sino del cambio de una persona hacia algo mejor de lo que es, una excusa para autoengañarnos y permanecer bien atadas a las cadenas del motivo de nuestra infelicidad. Y es que, en cierto modo, el ser humano no comprende la felicidad sin la infelicidad, la fidelidad sin la infidelidad, la lealtad sin la traición, la alegría sin la tristeza y, es que, al igual que los colores primarios, cada emoción, pensamiento y acto tiene su complementario. Es, también, estúpida la creencia de que los seres humanos por naturaleza son buenos, así como lo es la creencia de que los seres humanos por naturaleza son malos, estos no son ni lo uno ni lo otro, únicamente son.

            Sin embargo, he de corregir una teoría que yo, estúpida e ilusa de mí, llevaba hasta los últimos términos “quien tiene el verdadero poder no es aquel con dinero, si no aquel que conoce el dolor; la persona que conoce el dolor puede elegir si hacerte sufrir o, por el contrario, evitarte el sufrimiento”, resulta que, ilusa de mí, como ya dije, no es hasta hoy cuando me doy cuenta de que esta teoría es engañosa y, aunque tiene su parte de razón, existe una tercera cláusula, mucho más cruenta respecto a la vida y a los humanos: ¡esto es una puta guerra! En una guerra jamás elegirás evitar el sufrimiento del “enemigo”, del contrario, del otro que no es el yo, de aquel que desea matarte antes de terminar sin vida ante ti. Entonces, en una maldita guerra, jamás preferirías evitarles sufrimiento al rival, lo único que desearías, como en cualquier aspecto de la vida es no morir y, a ser posible, no acabar tan herida como para no poder vivir, deseas que, si es posible, no tengas daño alguno y que si lo tienes sea lo suficientemente nimio como para acudir a tu trinchera a la menor oportunidad para lamerte como un felino viejo el tiempo necesario hasta recuperarte y, con suerte, el tiempo necesario para que pase la guerra.

            La realidad es lo contrario a nosotros y lo mismo que nosotros, sucumbimos a un espejismo de la realidad que nos obnubila con promesas baratas de amor, de cambio, de amistad, de fidelidad y no percibimos que la única persona que, quizá, podría ser leal hasta el extremo es la propia persona. Qué ironía. Pensar que íbamos a descubrir que hasta nosotros mismos podemos traicionarnos, apretar el gatillo contra la sien y decorar la pared blanca de color carmesí sin necesidad de un opuesto que nos ayude a aplicar la fuerza necesaria en nuestros dedos. Qué ironía que amemos incluso más de lo que nos amamos y, sobre todo, qué ironía es que estemos todos metidos hasta el culo en esta puta guerra, jugando a ser jueces, dioses o santos, que trivializan, banalizan y frivolizan a pura conveniencia afirmando que antes se quitarían la vida que asesinar cuando la realidad es que herirías antes de ser herida.

            Quizá veinticinco otoños eran los necesarios para desenfundar el arma después de las numerosas mutilaciones y los incesantes disparos desde todos los flancos, amigos y enemigos en los que las ráfagas de balas, una vez lanzadas, no distinguen aliado o contrincante. Quizá, sencillamente, deberíamos quemar la bandera blanca para alzar una bandera negra que anuncie que este enfrentamiento tendrá lugar hasta que quede la última persona en pie. Esto, habitantes del mundo, es la guerra y, desde hoy, voy a por vosotros. Preparad bien vuestras trincheras, aprovisionaos, coged el botiquín necesario porque me estoy abriendo fuego entre las minas de vuestras lenguas y la boquilla de mi arma está a punto de estallar rozando el vello de vuestras sienes para poder relamer la sangre que coloree mis labios.”


X. Nely Macorix

sábado, 27 de febrero de 2016

"Corazones de cristal"

¿Tienes un Corazón de Cristal?
La primera vez que fui consciente de que los seres humanos teníamos corazón yo tenía diecinueve años. Había escuchado hablar de la mecánica del corazón, de como funcionaba, del latir que bombea la sangre necesaria para la vida, de la limpieza de este importante órgano para mover el oxígeno que nos hacía mirar al sol como las plantas. Destruye todo lo malo-o al menos lo intenta-en una clase de sinergia mágica, asombrosa, con el cerebro. Para mí no es el corazón un órgano creado a partir de membranas, telas u otros filamentos cárnicos y nervioso con una función monótona como la de bombear la sangre. Para mí, los corazones están hechos de cristal. Los corazones son una habitación donde encierras los recuerdos que no caben en la memoria. Los corazones de cristal son como un gran desván antiquísimo donde se apilan los libros polvorientos que una vez alguien disfrutó, a los que una vez alguien acudió en busca de consuelo o evasión, los juguetes de la infancia, que ayudaban a descubrir el mundo, la bondad y la maldad. Los corazones son de cristal por su fragilidad, son más delicados que los músculos, fácilmente corruptibles. Lo que ocurre en un corazón de cristal se queda ahí; donde pertenece, en el desván del alma al que nadie accede, el desván del terror. Un corazón de cristal se rompe, se astilla, se agrieta, hace crac. Un corazón así, aunque se despiece en mil astillas diminutas, no pierde los recuerdos, destruidos o no por la implosión del mineral, uno así conserva en cada astilla la historia y mantienen para sí la esencia definitiva y última que cualquier otro ser humano desea arrebatar a los demás, por lo que, un corazón de cristal, fragmentado, agrietado, desgranado, de cualquiera de las maneras conserva la vida. Porque este tipo de órganos raramente son eliminados de la faz de la tierra, pudiera decirse que un corazón de cristal es un cúmulo de energía materializada que ocultamos en el cuerpo como las piedras preciosas se esconden en una cueva, que estos, al igual que la energía, únicamente se transforman.

En síntesis:
La mecánica del corazón
Destruye los recuerdos
que no caben en la memoria.
Los recuerdos, destruidos
mantienen la vida
y se transforman.

miércoles, 14 de mayo de 2014

“En tu honor, XIII"


XIII


Su corazón late.
La sangre corre.

¡Que la sonrisa no se borre! – gritan.
Pero, ¿quién ve en sus pupilas el inminente fin? Nadie.

Y Nadie grita también.
Que el amor no se le arrebate.
O la flor morirá de sed.

¿De qué le sirve un corazón vivo a quien en vida está muerto?

No puede llorar,
A su fin las lágrimas llegaron
El día que la asesinaron
Y no se pudo casar.

¿De qué sirve un corazón inerte a quien aún muerto vive?

Sacrifica su amor
Por el bien de alguien más
Renunciando a la oportunidad
De cumplir lo que soñó.

Y, es aquí cuando ella
Atraviesa la espesa niebla
Tornando en mil mariposas azules
Que vuelan hacia el bosque
Para dormir sobre su tumba.


Nely Macorix '14

martes, 1 de abril de 2014

"¿Qué va a ser de mí?"




Cuéntame, tú, que has visto mundo y conocido gente si los sueños se cumplen o solo los enterramos cuando es mayor el dolor de no realizarlos que la ilusión por llevarlos a cabo.

Cuéntame, tú, que de la experiencia tierna bebes. 
¿Qué es de la vida y de sus placeres? 
¿Qué del tiempo y sus quehaceres? 
¿Qué de quien ama sin quererlo, y qué de quien no ha amado aún queriendo?

Cuéntame, por tanto, ¿qué es de ti, diosa del azar y la casualidad?
¿Qué es de ti, qué haces y deshaces a tu antojo y que ni tiempo ni lugar te importa... ?

Cuéntame, ¿qué va a ser de mí? 
¿Veré florecer o marchitarse las flores? 
¿Me inundaré con sus olores y me asombraré con sus 
formas y colores?

¿Veré, tal vez, la expresión satisfecha de quien realiza sus sueños y, con emoción, se rodea de seres queridos y amados que desde el inicio le acompañaron? 

Cuéntame, ¿qué va a ser de mí? 

¿Es mi principio... o es mi fin?

Nely Macorix '14

domingo, 30 de marzo de 2014

"Apatía"


Flota como una pluma,
Hiere como un cuchillo,
Endulza como la magia,
Amarga como la realidad. 

No es tranquilidad eterna, 
Ni lamento sin fin. 
No es risa que cautiva,
Ni lágrima que conmueva.

No es, reina mía, sino apatía
de una mutilada ilusión
que antiguamente vivía.

Nely Macorix '14